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TANGENTE
Por Oscar Díaz Salazar 23/Febrero/10

Otra de recuerdos
Uno es lo que come

Sin más interés que provocar la nostalgia, comparto estos recuerdos de los alimentos de quienes tenemos eintitantos

Las de harina eran obligadas en almuerzo y cena, recién paloteadas y servidas directamente del comal a la mesa… mínimo se debían consumir tres con mantequilla antes de que estuviera listo el platillo principal.

Las tortillas para la comida del mediodía se compraban en la tortillería y se consumían calientitas, recién salidas de la maquina.

Las tortas que vendían en la escuela eran de recetas muy económicas, llevaban una rebanada de tomate, una hoja de lechuga, una embarrada de mayonesa y una rebanada de “bolonga”.

Los hot dogs se hacían con salchichas elaboradas con carne (y seguramente vísceras) de dudosa procedencia, que estaban embutidas en autentica tripa.

Buscándole un poco, todavía en la década de los ochenta era posible conseguir leche bronca… al hervirla para que durara mas tiempo en buen estado, se obtenía una abundante capa de nata, que montada sobre un pan blanco era un autentico manjar.

Los pintos beans eran, como su nombre lo indica, frijoles bayos o pintos… pero quienes tenemos familia en el interior del país… si Reynosa esta en la orilla, hacia el sur es el interior, y no el falso interior de los chilangos…. Esos disfrutábamos de los frijoles negros.

En el patio de la casa familiar… en el tiempo en que la mayoría de las casas de Reynosa tenían jardín… se sembraban plantas de zácate limón, de la que se obtiene un te delicioso que se disfruta tanto frío como caliente.

Las opciones para beber a la hora de la comida no eran muchas, si no tomabas refresco embotellado, había limonada, naranjada o Kool aid… en muchas casas se cosechaban los limones de la planta más valiosa del jardín familiar, pues era la única que literalmente nos alimentaba.

En la carne asada de fin de semana, se cocinaba con leña y se sazonaba la carne con sal y limón, solo eso.

La lechuga se acompañaba también de sal y limón…. Los aderezos eran una sofisticación de los ameriqueiques.

El queso fresco era una delicia que pocos disfrutábamos con regularidad antes de la llegada masiva de los veracruzanos a Reynosa.

Se usaba manteca de puerco para los frijoles refritos, alimento indispensable en todas las mesas auténticamente de Reynosa.

Los tamales se vendían por latas… recipientes metálicos que originalmente se usaban para contener manteca.

“Una lata de tamales de venado para que se le quite lo sonso” recomendaba un ex alcalde de Reynosa a sus colaboradores que le fallaban en algún mandado corto.

De las golosinas preferidas recuerdo las paletas de hielo que se podían adquirir en la calle, en los carritos ambulantes de helados “ La Higiénica ” y otros por el estilo.

La cecina era de “El Encinal”, el pescado de Cómales.

La leche era Pafrosa o gringa, la harina Río Bravo, la manteca Inca, el aceite Lirio, la cinta Scotch, el jabón Ariel, el chocolate era Choko Milk, el pan Bimbo

Reynosa, Tamaulipas a 22 de febrero de 2010

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